FIESTA DE LOS DIFUNTOS Y LOS SANTOS

La fiesta de Todos los Santos es la fiesta de multitud de hermanos y hermanas nuestros que viven ya el gozo de la presencia de Dios. Y hay que diferenciarla muy bien del día de los difuntos. Este día de todos los santos es un día de fiesta, no de luto. Por eso el evangelio nos habla de un camino de felicidad y de dicha: las bienaventuranzas.
Las bienaventuranzas nos transmiten un mensaje, la buena noticia del amor misericordioso y fiel de Dios hacia todos nosotros, especialmente hacia los más pobres, hacia los que lo pasan mal, hacia los últimos de este mundo. Conviene aclarar que la palabra “dichosos” no significa que se lo han pasado extraordinariamente bien, sino que han sabido entender que, desde su situación, era una bendición poder estar comprometidos, es decir, amando en profundidad, y conociendo mejor el significado del Reino de Dios. Estas situaciones que nos describe el evangelio son situaciones de lucha, de carencia, de limitación, pero llenas de esperanza y, por eso, dichosas.
Los santos son aquellas personas que, en su momento histórico y con su forma de ser, han respondido a la llamada del Evangelio y han convertido su vida en una buena noticia para todas las generaciones. Como decía Santa Teresa de Jesús: “la santidad no consiste en hacer cada día cosas más difíciles, sino hacer cada día las cosas con más amor”. Ese es el gran esfuerzo que nos pide Dios y al que nos llama para alcanzar la santidad.

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