HOJA PASCUA
1 de Abril de 2018

¿DÓNDE BUSCAR AL RESUCITADO?

Al que vive hay que buscarlo donde hay vida.
Si queremos encontrarnos con Cristo resucitado, lleno de vida y de fuerza creadora, lo hemos de buscar, no en una religión muerta, reducida al cumplimiento y la observancia externa de leyes y normas, sino allí donde se vive según el Espíritu de Jesús, acogido con fe, con amor y con responsabilidad por sus seguidores.
Lo hemos de buscar, no entre cristianos divididos y enfrentados en luchas estériles, vacías de amor a Jesús y de pasión por el Evangelio, sino allí donde vamos construyendo comunidades que ponen a Cristo en su centro porque, saben que «donde están reunidos dos o tres en su nombre, allí está él».
Al que vive no lo encontraremos en una fe estancada y rutinaria, gastada por toda clase de tópicos y fórmulas vacías de experiencia, sino buscando una calidad nueva en nuestra relación con él y en nuestra identificación con su proyecto. Un Jesús apagado e inerte, que no enamora ni seduce, que no toca los corazones ni contagia su libertad, es un “Jesús muerto”. No es el Cristo vivo, resucitado por el Padre. No es el que vive y hace vivir.
 
...que él había de resucitar de entre los muertos Jn 20,1-9

UNA ESPERANZA DIFERENTE

Hay creyentes que, al celebrar la resurrección de Cristo, ponen su mirada en el pasado, en lo que le sucedió al Crucificado. Su atención se centra, sobre todo, en ese gesto creador del Padre que levantó de la muerte a Jesús para introducirlo en la vida plena de Dios. Esta manera de vivir la resurrección hace' brotar el canto, la alabanza y la acción de gracias a ese Dios que no abandona nunca a quien confía en él.
Sin negar esta intervención de Dios, hay creyentes que viven la resurrección de Jesús como una experiencia presente, que ilumina y renueva su existencia. Cristo está hoy vivo, «resucitando» nuestras vidas. Esta manera de vivir la resurrección genera una fe semejante a la de san Pablo: «Ya no soy yo quien vive. Es Cristo quien vive en mí.»
Pero hay otro camino para vivir la resurrección de Cristo, que fue fundamental en la experiencia de los primeros creyentes y puede tener una importancia particular en estos tiempos de crisis y desencanto.
La resurrección de Cristo nos impulsa a mirar el futuro con esperanza. Es importante saber qué le sucedió al muerto Jesús en el pasado. Es fundamental vivir la adhesión a un Cristo vivo en el presente. Pero todo alcanza su verdadera orientación cuando acertamos a vivir con la esperanza puesta en Cristo resucitado y en el futuro que desde él se nos promete.
Quien vive animado por la fe en la resurrección de Cristo pone su mirada en el futuro. No permanece esclavo de las heridas y pecados que ha podido haber en su pasado. No se detiene tampoco en las crisis y sufrimientos del presente. Mira siempre hacia adelante, hacia lo que nos espera. Lo que todavía está oculto pero se nos anuncia ya en Cristo resucitado.
Esta esperanza genera una manera nueva de estar en la vida.

EL NUEVO ROSTRO DE DIOS

Ya no volvieron a ser los mismos. El encuentro con Jesús, lleno de vida después de su ejecución, transformó totalmente a sus discípulos. Lo empezaron a ver todo de manera nueva. Dios era el resucitador de Jesús. Pronto sacaron las consecuencias.
Dios es amigo de la vida. No había ahora ninguna duda. Lo que había dicho Jesús era verdad: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos». Los hombres podrán destruir la vida de mil maneras, pero si Dios ha resucitado a Jesús, esto significa que sólo quiere la vida para sus hijos. No estamos solos ni perdidos ante la muerte. Podemos contar con un Padre que, por encima de todo, incluso por encima de la muerte, quiere vernos llenos de vida. En adelante, sólo hay una manera cristiana de vivir. Se resume así: poner vida donde otros ponen muerte.
Dios es de los pobres. Lo había dicho Jesús de muchas maneras, pero no era fácil creerle. Ahora es distinto. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que es verdad: «felices los pobres porque le tienen a Dios». La última palabra no la tiene Tiberio ni Pilato, la última decisión no es de Caifás ni de Anás. Dios es el último defensor de los que no interesan a nadie. Sólo hay una manera de parecerse a él: defender a los pequeños e indefensos.
Dios resucita a los crucificados. Dios ha reaccionado frente a la injusticia criminal de quienes han crucificado a Jesús. Si lo ha resucitado es porque quiere introducir justicia por encima de tanto abuso y crueldad como se comete en el mundo. Dios no está del lado de los que crucifican, está con los crucificados. Sólo hay una manera de imitarlo: estar siempre junto a los que sufren, luchar siempre contra los que hacen sufrir.
Dios secará nuestras lágrimas. Dios ha resucitado a Jesús. El rechazado por todos ha sido acogido por Dios. El despreciado ha sido glorificado. El muerto está más vivo que nunca. Ahora sabemos cómo es Dios. Un día él «enjugará todas nuestras lágrimas, y no habrá ya muerte, no habrá gritos ni fatigas. Todo eso habrá pasado».

INTENCIONES DE MISAS

Lunes 2 por…, Martes 3 1. Aniv. Enrique Cocaña, Miércoles 4 por…, Jueves 5 por Marcelina y Adolfo, Viernes 6 por Eduardo Esteban, Sábado 7 por Ana Álvarez; Consuelo Glez y Pelayo Norniella, Domingo 8 a las 10:00 por…, a las 11:30 por…, a las 12:30 por dif. de Acosta.