HOJA PARROQUIAL

Nº 299  -  15 de Abril de 2018

Testigos Una buena Pascua La alegría
Oración Intenciones de misas Profundizando

TESTIGOS

El encuentro del Resucitado con sus discípulos es una experiencia fundante. El deseo de Jesús es claro. Su tarea no ha terminado en la cruz. Resucitado por Dios, toma contacto con los suyos para poner en marcha un movimiento de "testigos" capaces de contagiar a todos los pueblos su Buena Noticia: "Vosotros sois mis testigos".
No es fácil convertir en testigos a aquellos hombres hundidos en el desconcierto y el miedo. A lo largo de toda la escena, los discípulos permanecen callados, en silencio total: están llenos de terror; solo sienten turbación e incredulidad; todo aquello les parece demasiado hermoso para ser verdad.
Es Jesús quien va a regenerar su fe. Lo más importante es que no se sientan solos. Lo han de sentir lleno de vida en medio de ellos.
Cuando olvidamos la presencia viva de Jesús en medio de nosotros; cuando lo ocultamos con nuestros protagonismos; cuando la tristeza nos impide sentir su paz; cuando nos contagiamos unos a otros pesimismo e incredulidad... estamos pecando contra el Resucitado. Sí no es posible una Iglesia de testigos.
Para despertar su fe, Jesús no les pide que miren su rostro, sino sus manos y sus pies. Que vean sus heridas de crucificado. Que tengan siempre ante sus ojos su amor entregado hasta la muerte. No es un fantasma: "Soy yo en persona".
Siempre que pretendemos fundamentar la fe en el Resucitado con nuestras elucubraciones, lo convertimos en un fantasma. Para encontrarnos con él, hemos de recorrer el relato de los evangelios: descubrir esas manos que bendecían a los enfermos y acariciaban a los niños, esos pies cansados de caminar al encuentro de los más olvidados; descubrir sus heridas y su pasión. Es ese Jesús el que ahora vive resucitado por el Padre.
A pesar de verlos llenos de miedo y de dudas, Jesús confía en sus discípulos. Él mismo les enviará el Espíritu que los sostendrá. Por eso les encomienda que prolonguen su presencia en el mundo. No han de enseñar doctrinas sublimes, sino contagiar su experiencia. No han de predicar grandes teorías sobre Cristo sino irradiar su Espíritu. Han de hacerlo creíble con la vida, no solo con palabras. Este es siempre el verdadero problema de la Iglesia: la falta de testigos.

CONSEJOS PARA UNA BUENA PASCUA

Al contrario que Santo Tomás, no exijas pruebas para creer. En todo caso pídele al Señor «creer para tener fe». Ten misericordia de los que te piden un margen de confianza.
Como los de Emaús ponte en camino pero, al contrario que ellos, no pierdas la esperanza. No pienses en aquello de «los tiempos pasados fueron mejores». El Señor camina junto a nosotros iluminando nuestro presente y nuestro futuro. Ten misericordia de los que quieren ir junto a ti.
Como María alégrate por la resurrección de Cristo. Recuerda que, lo que dices y haces, es un espejo de la fe que dices tener. Ten misericordia de los tristes y, con palabras y obras, que seas un payaso divino que anime tantas noches oscuras de personas sin norte ni destino.
Como los santos proclama, en este tiempo, que merece la pena ser cristiano. No te escondas, como lo hace la muerte, detrás de las losas de piedra. Sé valiente y –donde quiera que te encuentres- sé altavoz del amor divino y de la presencia de un Cristo resucitado. Ten misericordia de aquellos que nunca han oído hablar de Dios o de aquellos a los cuales les molesta el escuchar su nombre.
Como los primeros cristianos no vivas sin su Palabra. El secreto de los grandes hombres no está precisamente en ser fuertes sino en buscar aquello que nos hace invencibles. Ten misericordia de un Señor que baja y te habla.
Así como Dios se ofrece por y para nosotros sin ahorrar nada también nosotros tenemos una obligación moral de lanzarnos al mundo de las injusticias, falsedades, mentiras y tibiezas. Ten misericordia de las personas que padecen deslealtades, injurias, verdades a medias o que están clavadas en la suavidad del todo vale.
No pidas a Dios que te evite la cruz sino, en todo caso, que te dé fuerza para llevarla y luz para no confundirte cuando la soportas en tu camino. Ten misericordia de aquellas personas que no saben cómo llevar adelante sus problemas. El silencio no siempre es bueno. De vez en cuando hay que hablar y, sobre todo, arrimar el hombro para que la resurrección sea posible en aquellos que sólo ven muerte.
No pierdas la alegría ni el optimismo. La alegría es el traje del cristiano. De aquel que ha encontrado a Jesús y siente que, por dentro, hay mil razones para sonreír. No olvides de ejercer la misericordia de tu buen humor.
Proclama de palabra, sentimiento y obra que la fe no es algo privado. Que en la vida cotidiana también se necesitan otro tipo de mensajes como son el perdón, la fraternidad, el futuro, el cielo o la eternidad. Que tu misericordia sea algo tan sencillo como abrir tu corazón en aquellas situaciones que reclamen esperanza.

"RAZONES PARA LA ALEGRÍA"

Si yo tuviera que pedirle a Dios un don, uno solo; le pediría, creo que sin dudarlo, que me concediera el supremo arte de la sonrisa. Es lo que más envidio en algunas personas. Es, me parece, la cima de las expresiones humanas.
Hay, ya lo sé, sonrisas mentirosas, irónicas, despectivas … Pero no es de ellas de las que estoy hablando. Es triste que hasta la sonrisa pueda pudrirse. Pero no vale la pena detenerse a hablar de la podredumbre.
Hablo -más bien- de las sonrisas que surgen de un alma iluminada, ésas que milagrosamente vemos surgir en el rostro de un niño y que algunos -¡poquísimos!- consiguen conservar a lo largo de toda su vida.
Me parece que esa sonrisa es una de las pocas cosas que Adán y Eva lograron sacar del paraíso cuando los expulsaron y por eso cuando vemos un rostro que sabe sonreír tenemos la impresión de haber retornado por unos segundos al paraíso. Lo dice estupendamente Rosales cuando escribe que «es cierto que te puedes perder en alguna sonrisa como dentro de un bosque y es cierto que, tal vez, puedas vivir años y años sin regresar de una sonrisa».
Pero la gran pregunta es cómo se consigue una sonrisa. ¿Es un puro don del cielo? ¿O se construye como una casa? Yo supongo que una mezcla de las dos cosas, pero con un predominio de la segunda. Por eso, yo diría que una buena sonrisa es más un arte que una herencia. Que es algo que hay que construir, pacientemente, laboriosamente.
La gente que ama mucho sonríe fácilmente. Porque la sonrisa es, ante todo, una gran fidelidad interior a sí mismos. Un amargado jamás sabrá sonreír. Menos un orgulloso. Un arte que hay que practicar terca y constantemente. Aprender en la vida, dejando que la alegría interior vaya iluminando todo cuanto a diario nos ocurre, e imponiendo a cada una de nuestras palabras la obligación de no llegar a la boca sin haberse antes bañado en la sonrisa. La receta de poner a todos nuestros cócteles de palabras unas gotitas de humor sonriente suele ser infalible.
Y es que en toda sonrisa hay algo de transparencia de Dios, de la gran paz. Por eso me he atrevido a hablar de la sonrisa como de un sacramento. Porque es el signo visible de que nuestra alma está abierta de par en par.

JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO

HAZNOS UNA COMUNIDAD ALEGRE

Señor, Jesús, haznos una comunidad abierta, confiada y pacifica invadida por el gozo de tu Espíritu Santo.
Una comunidad entusiasta, que sepa cantar a la vida, vibrar ante la belleza, estremecerse ante el misterio y anunciar el Reino del amor.
Que llevemos la fiesta en el corazón aunque sintamos la presencia del dolor en nuestro camino, porque sabemos, Cristo resucitado, que Tú has vencido el dolor y la muerte.
Que no nos acobarden las tensiones ni nos ahoguen los conflictos que puedan surgir entre nosotros, porque contamos -en nuestra debilidad con la fuerza creadora y renovadora de tu Espíritu Santo.
Regala, Señor, a esta familia tuya, una gran dosis de buen humor para que sepa desdramatizar, las situaciones difíciles, y sonreír abiertamente a la vida.
Haznos expertos en deshacer nudos y en romper cadenas, en abrir surcos y en arrojar semillas, en curar heridas y en mantener viva la esperanza.
Y concédenos ser, humildemente, en un mundo abatido por la tristeza, testigos y profetas de la verdadera alegría.
Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, que no se escandalice ante el pecado. Sino que sepa encontrar el modo de remediarlo.
Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los ronroneos, los suspiros ni los lamentos. Y no permitas que tome demasiado en serio esa cosa entrometida que se llama el "yo". Dame, Señor, el sentido del humor. Dame el saber reírme de un chiste para que sepa sacar un poco de alegría a la vida y pueda compartirla con los demás.

Tomás Moro

INTENCIONES DE MISAS

Lunes 16 por…, Martes 17 por…, Miércoles 18 por Juan Justo y hermanos, Jueves 19 por…, Viernes 20 por…, Sábado 21 por Anselmo y Pedro; Int. Chemari; jóvenes, Domingo 22 a las 10:00 por…, a las 11:30 por…, a las 12:30 por dif. De Florencia; Gonzalo y José Ramón

PREGUNTAS PARA PROFUNDIZAR

¿Eres feliz? ¿Qué necesitas para ser feliz? ¿Que te impide la felicidad? ¿Cómo se puede vivir con alegría ante la calamidad y miseria que viven millones de seres humanos? Nietzsche decía que para que él pudiera creer en el Redentor de los cristianos estos tendrían que cantar otras canciones y sus discípulos parecer más redimidos (más alegres). ¿Son nuestras reuniones celebraciones, asambleas... alegres? ¿Qué tiene que ver Dios en tu alegría? En la Biblia la alegría nace de las relaciones personales de un individuo con Dios. La alegría brota del destino final del hombre que consiste en glorificar a Dios y disfrutar de él para siempre.

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