EN EL DESIERTO DEL MUNDO
Donde la locura vuela más deprisa que la sensatez,
allá donde la pobreza ya no llama la atención
y se convierte en estandarte de un mundo infeliz
quiero, Señor, preparar tu camino.
En la soledad del que busca y no encuentra compañía
en la desesperanza de familias
que han perdido el horizonte de la alegría,
en los egoísmos y soberbias
que me impiden verte cara a cara…
 
Quiero, Señor, preparar tu camino,
luchando por rebajar todas esas colinas de autosuficiencia,
avanzando para llenar lo que la sociedad
caprichosa e insolidaria, mezquina y sin sentido,
pretende dejar, lo más sagrado, vacío y sin contenido
 
Quiero, de verdad Señor, preparar tu camino.
Despejar nuestras mentes embarulladas por lo efímero
y colmarlas con tu presencia, con tu Nacimiento.
Denunciar falsedades o verdades a medias
y, con la trompeta de tu nuevo día,
pregonar a este mundo que todavía es posible la esperanza.
que Tú, Señor, estás por llegar
pero que, los caminos por donde avanzamos,
no son los auténticos para poderte alcanzar.
Tú Señor, puedes cambiar el ritmo de la historia
si somos capaces de dejar aquello que nos atenaza,
duerme, amordaza, esclaviza y nos impide caminar
contigo, Señor. Para Ti, Señor. Por Ti, Señor.
 
Quiero preparar mis caminos: que sean los tuyos.
Quiero andar por tus caminos: sal a mi encuentro.
Quiero dejar los viejos: renuévame con tu gracia.
¡Ven, Señor! ¡Apresura tu llegada!
¡¡Contigo, para siempre, por tus caminos!!

ORACIÓN FINAL
Ya es hora de despertar
Ya es hora de abrir los ojos
Ya es hora de ver la luz
Ya es hora de levantarse
Ya es hora de reconocer la aurora
Ya es hora de contemplar la Salvación
Ya es hora de percibir lo nuevo
Ya es hora de descubrir la presencia de Dios
Ya es hora de aceptar la Salvación
 
Ya es hora de hacer un sitio a Dios
Ya es hora de decir SI a Dios
Ya es hora de dejar el pesimismo
Ya es hora de poner manos a la obra de Dios
Ya es hora de comprometerse un poco más
Ya es hora de que la NAVIDAD sea la NAVIDAD
Ya es hora de dejar las tinieblas
Ya es hora de abrir las puertas cerradas
 
Ya es hora de cumplir nuestra palabra
Ya es hora de romper el miedo
Ya es hora de mirar al cielo y descubrir la estrella
Ya es hora de despertar y caminar con esperanza
Ya es hora de pensar que la LUZ viene a nosotros.
 
¿No veis que Dios lo llena todo?
¿No veis que DIOS está naciendo en cosas sencillas?
¿No sentís que todo nos habla de DIOS?
¿No sentís que DIOS llama a nuestra puerta?
¿No sentís que DIOS tiene su sitio aquí?
¿No sentís que la NAVIDAD depende también de vosotros?

¿VIGILAR YO? ¿PARA QUÉ, SEÑOR?
 
Me pregunto y te pregunto
y sin dejar que me respondas
sé muy bien, oh Señor, lo que ocurre a mi lado
Estoy de vuelta de todo y, a veces, pienso que soy un loco
Tengo ganas de que el mundo se detenga:
que, tanto hombre desesperado,
encontrase en Ti la llave para ser feliz,
que, miles de promesas no cumplidas,
sirvieran para que, de una vez por todas,
entendiésemos que sin Ti…nada…no es posible nada
¡Nada sin Ti, Señor!
¿Y aún me resisto a vigilar mi vida cristiana?
¡Ayúdame, oh Jesús, a subir ligero
las escaleras que separan la tierra del torreón más alto
Para que, cuando Tú llegues, me encuentres firme:
con los ojos clavados en el cielo
con mi corazón encendido por la fe
con mis pies pisando en la dirección adecuada
con mis manos ayudando a sembrar esperanzas
con mi rostro iluminado por tu divina gracia.
¿VIGILAR YO? ¿PARA QUÉ SEÑOR?
Te confieso que, frecuentemente,
caigo en la somnolencia espiritual
Que, dioses de cartón o de dulces deseos,
me atrapan y me invitan a desertar de mi vigilancia
Me insisten que ya no eres necesario
que, sin Ti, puedo llevar una vida feliz y cómoda
Por ello mismo, Señor,
porque ni soy feliz ni estoy cómodamente situado
Ayúdame a ser y estar vigilante…esperando.
A permanecer de erguido, inquieto y en vela
aguardando ese fantástico día
en el que, la paz, ya no será un imposible
en el que, el amor, ya no será sólo poesía escrita
en el que, el hombre, ya no será un adversario
Quiero ser, hoy más que nunca,
vigilante de tus promesas y de tu venida,
que me mantengan despierto y contento
el resto de mis días….hasta el momento de tu llegada.
¡VEN, SEÑOR, JESUS! ¡TE ESTOY ESPERANDO!

QUIERO PARECERME A TI, MI REY
Que mis caminos, de palabra y de obra,
empiecen y acaben en Ti.
Sabiendo que, contigo, todo acabará bien:
en victoria y en triunfo seguro
con amor, frente al odio
desde el servicio, antes que el egoísmo.
 
QUIERO PARECERME A TI, MI REY
Extendiendo la inmensidad de tu Reino
en cada una de las almas
allá donde alguien te busque
en el rincón donde, la necesidad, apremie
Allá donde, el dolor del hombre,
busque y reclame respuestas supremas
Allá donde, la orfandad de la humanidad,
necesite de una mano que la proteja
la sostenga, la levante y la dignifique
 
QUIERO PARECERME A TI, MI REY
Y, cuando la cruz asome en el horizonte,
agarrarme a ella con la obediencia de la fe
Derramando desde ese trono de madera
mi vida y mi valor, mi esfuerzo y mi generosidad
Derramando como Tú, oh Señor,
palabras de aliento y de consuelo
ánimo, valor y esperanza
 
QUIERO PARECERME A TI, MI REY
Y, al contemplar tu poder y tu reinado
saber que, no hay nada en el mundo,
comparable a lo que Tú me ofreces:
tu Verdad, tu Camino y tu Vida
Dueño, Rey y Señor de la historia
ayúdame a ser entusiasta y vasallo de tu Reino
Que ningún otro tesoro, reluciente al ojo humano,
me aparte de Ti…oh Rey soberano
Amén.

TÚ, SEÑOR, ERES… EL CENTRO
En el centro de la rueda, Tú Señor, eres el eje
En el centro de la historia, Tú Señor, eres la página central
En el centro de la humanidad, Tú Señor, eres el corazón
En el centro de la Iglesia, Tú Señor, eres su cabeza
En el centro de la vida cristiana, Tú Señor, eres su motor
En el centro de la caridad, Tú Señor, eres su empuje
En el centro del amor, Tú Señor, eres la razón para regalarlo
 
En el centro de la alegría, Tú Señor, eres la fuente que la ofrece
En el centro de la fortaleza, Tú Señor, eres el secreto que la produce
En el centro de la fe, Tú Señor, eres su razón
En el centro de la Eucaristía, Tu Señor, eres quien la hace real
En el centro de la oración, Tú Señor, eres quien la hace verdadera
En el centro de la verdad, Tú Señor, eres quien la hace buena
En el centro de la humildad, Tú Señor, eres quien no la hace falsa
 
Tú, Señor, por ser Rey conoces nuestro vivir
De qué madera está construido el hogar de nuestras almas
Por dónde vamos y por qué y por quién nos movemos
Haz, Señor, que –como amigos tuyos-
podamos seguir caminando hacia ese Reino de paz y de justicia
de verdad y de gracia, de alegría y de esperanza
Que, lo comenzamos a levantar y conquistar en la tierra,
pero lo viviremos y disfrutaremos eternamente en el cielo.
¡Entonces cara a cara, sí que te veremos, gran Rey!

¡TENGO MIEDO, SEÑOR!
De no entregar mi vida como Tú en la cruz,
con silencio, perdón y humildad,
con fe, esperanza y misericordia.
 
¡TENGO MIEDO, SEÑOR!
De mirarme a mí mismo,
y olvidar todo lo que me has dado,
de no arriesgarlo todo
por Dios y por el hombre.
 
¡TENGO MIEDO, SEÑOR!
Que vengas…y me encuentres
con mis talentos, sin haberlos utilizado.

PORQUE TENGO SUEÑO, SEÑOR
Despiértame con la luz de tu verdad.
Porque, la mentira, frecuentemente me narcotiza
o la falsedad confunde los caminos por los que avanzo
Porque siento que, el mundo que me rodea,
me contagia con la pesadez del desencanto
con el desazón del pesimismo.
Porque frecuentemente, mi Señor,
caigo abatido en el traicionero sueño de la desesperanza
 
PORQUE TENGO SUEÑO, SEÑOR
Levántame y, que en la lámpara de mi alma,
nunca falte la alegría de salir a tu encuentro
la satisfacción de ser de los tuyos
la seguridad de que, esperándote, estoy en lo cierto
Levántame y, avívame oh Señor,
porque temo que, si tardas demasiado,
vaya detrás de otros dioses
que, sin exigirme tanto, un día y otro llaman a mi puerta
 
PORQUE TENGO SUEÑO, SEÑOR
No dejes que me abata el desencanto ni la desilusión
no permitas que, las prisas del quererlo todo,
me aleje de gustar y esperar el Paraíso definitivo
No dejes que, la noche que se cierne sobre el mundo,
apague las llamas de tantos hijos tuyos
que soñaron, y nunca se cansaron, de verte frente a frente;
de tus hijos vivos y de tus hijos muertos
de los que por Ti sufrieron y lloraron
y de los que, con la lámpara de la fe,
la fueron transmitiendo de mano en mano.
 
PORQUE TENGO SUEÑO, SEÑOR
Que no me duerma en el letargo de la indiferencia
que no me pierda en la oscuridad de la impaciencia
que no me acueste en la comodidad del
“ya no merece la pena”
Y si vienes, Señor, y me encuentras o me sorprendes
con mi lámpara a punto de extinguirse…
perdóname, Señor; sabes que hice lo que pude
por amarte, servirte, quererte….y esperarte.
Amén.

HAZME VIVIR, SEÑOR, COMO TÚ DICES Y VIVES
 
Que haga, no aquello que el mundo espera,
sino aquello que Tú deseas:
para construir tú Reino siendo tu sal y tu luz
Con tu fuerza, Señor, y en tu Palabra
que viva con el fervor de tus discípulos
con la sencillez de María
o arropado con el testimonio de los mártires
Pero, Señor, que no viva de espaldas a tu Verdad:
que mi “sí” a tu voluntad,
se manifieste en un compromiso sincero por un mundo mejor
que mi “si” a tu Palabra
sea luego imagen real de lo que pienso y realizo
Que lejos de desafinar en mí existencia cristiana
sepa armonizar mi idea, con mi práctica
mis ilusiones, con mis realidades
mis anhelos, con mis luchas diarias
mi amistad contigo, con la fraternidad del día a día
 
HAZME VIVIR, SEÑOR, COMO TÚ DICES Y VIVES
Sin dividir mi estancia contigo, del servicio a los demás
la oración que te contempla y te necesita
del trabajo que me aguarda en la tierra que me espera
Sin olvidar que, aún mirándote con mis ojos,
o escuchándote con mis oídos
me faltará por recorrer el camino del recio compromiso
de la vida que se ofrece sin medida
de los gestos de perdón o de confianza.
 
HAZME VIVIR, SEÑOR, COMO TÚ DICES Y VIVES
Desviviéndote, en tu intimidad con el Padre
y deshaciéndote por la salvación de la humanidad
Guiándote por la mano del Padre
y dirigiendo con la tuya el camino del que te desea y busca
Proclamando la bondad de Dios en un mundo egoísta
y mostrando, con tus heridas y tu cruz,
que tu vida no es solo palabra…no solo proyectos…
que, tu vida, es hacer aquello que vives: ¡DIOS!

¿CESAR…..O TU, SEÑOR?
Cuando confundo lo divino con lo humano,
y me quedo sólo con lo segundo
Cuando, volcado de lleno en lo superficial,
olvido que Tú existes desde los mismos inicios de mis días
Cuando, escuchando tu Palabra,
me quedo con aquellas escritas por el presente
Entonces, Señor, sólo entonces
me doy cuenta…que sirvo demasiado al “césar” de este mundo.
Cuando pretendo una iglesia desarraigada y no profética
alejada de todo compromiso.
 
¿CÉSAR…..O TU SEÑOR?
Cuando dedicado al intercambio de moneda
no veo que, la mayor, riqueza soy yo:
como persona y como hijo tuyo
como llamado a la vida y a la gracia
a la santidad, a la sencillez y a la adoración en tu presencia
Cuando, pendiente de lo que acontece a mi alrededor
te doy las migajas de unos minutos de oración
o las prisas de una misa rutinaria
Cuando, soñando con ser grande
dejo de lado aquel cielo en el que, para entrar, he de ser pequeño
 
¿CÉSAR….O TU SEÑOR?
Que no me olvide, oh Señor, que Tú eres el centro de todo
Que no me olvide, Señor, de orientarme desde Ti y contigo
Que no me olvide, Señor, que –el cielo y la tierra-
son todo obra de tu mano
Que no me olvide, Señor,
que entre los “césares” que intentan manipular mi conciencia
sólo Tú, Señor, tienes derecho a entrar en ella.
Amén.

ORACIÓN DEL DOMUND
Levanto el corazón a ti, Señor:
Ayúdame a lanzarme, hazme valiente.
Muéveme con tu impulso a donde quieras,
Inventa los caminos de mi vida.
Sé que Tú me guiarás, y eso me basta.
Incluso con mis dudas y mis miedos,
Oyendo tu llamada, daré el salto:
No importa nada más, si vas conmigo.
Tu alegría, Señor, será mi fuerza,
Evangelio que es luz para los pobres.
Envíame a anunciar esta Noticia,
Sembrando la ternura y la esperanza
Por las mil periferias de este mundo.
En tu misión confío, porque es tuya.
Renueva esta ilusión de darme a todos,
Amándote en quien sufre, en mis hermanos.
Amén

MI “SI” DE CADA DIA, SEÑOR
Que sea para Ti con las pequeñas cosas que te ofrezco
y no en aquellas que pienso pero nunca alcanzo
Que lo veas en el detalle que ofrezco
y no en el escaparate del mundo en el cual me pierdo
 
MI “SI” DE CADA DIA, SEÑOR
Sea la verdad de mi vida,
y nunca la falsedad en la que me confundo
Sea pronunciado por el bien como respuesta
y no ahogado por el mal que me acompaña
 
MI “SI” DE CADA DIA, SEÑOR
Sea el llevar a feliz término:
cada promesa a mis prójimos
siendo rico llevando la paz conmigo
y ofreciéndola a los que caminan a mi lado
Desterrando el mal que me aparta de Ti
y aferrándome al bien que me habla de tu reinado
Siendo consciente de mis posibilidades
pero sin olvidar que, Tú, me las diste de balde
 
MI “SI” DE CADA DIA, SEÑOR
Sea darte lo poco o mucho de mi persona
La verdad de mi existencia
La sinceridad de mis palabras
La bondad de mi corazón
El deseo y la seguridad de que, ir por donde Tú me envías,
es el mejor camino para salvarme y ayudar a los demás.
¿Aceptas mi “si”, Señor?
Ayúdame a pronunciarlo, a que sea auténtico
y, nunca, me olvide de llevarlo a cabo.
Amén.

YO SÍ QUIERO, SEÑOR
Ir contigo hasta el final
Colaborar con tus cosas
Corregirme con tu Palabra
YO SÍ QUIERO, SEÑOR
Marchar por tus caminos
Vivir en tu verdad
Amar con tu mismo amor
YO SÍ QUIERO, SEÑOR
Cuidar lo que Tú cuidas
Sembrar lo que Tú siembras
Dar lo que Tú das
YO SÍ QUIERO, SEÑOR
Trabajar en tu campo
Cuidar tu viña
Llevar alegría al mundo
Aportar ilusión y esperanza
YO SÍ QUIERO, SEÑOR
Pero, si en algún momento,
te digo que “si quiero”
y es un “no quiero”
perdóname, Señor,
y haz que vuelva al camino verdadero
Amén.

CUÁNTO CUESTA, SEÑOR
Ofrecer el perdón, cuando en recompensa,
se recibe el silencio o la mofa
Sentirse cristiano y, mirarse a uno mismo,
comprobando que la misericordia
la derramo con cuenta gotas;
a quien quiero, a quien más quiero
y cuando yo quiero.
Qué difícil es perdonar y cuánto cuesta, Señor
sabiendo que, mi corazón,
no es tan grande como el tuyo:
siempre dispuesto a comenzar de nuevo.
 
¡CUÁNTO CUESTA, SEÑOR!
Ser siervo del perdón y no del orgullo
Arrodillarme ante el que me injuria
o cerrar los ojos ante el que me denigra
Decir “lo intentaré de nuevo” a pesar de la traición
o disculpar los golpes recibidos.
 
¡CUÁNTO CUESTA, SEÑOR!
Abrazar tu evangelio sabiendo que, el perdón,
sin límites y sin farsa, sin miedos ni fronteras
es el resumen de tu paso entre nosotros
de tu vida en medio de la nuestra
tu palabra que se hace carne
más allá de teorías y de discursos
 
¡CUÁNTO CUESTA, SEÑOR!
Vivir sin sentirse perdonado
y, vivir, con la conciencia de no haber disculpado
Romper con las historias pasadas
para caminar de nuevo
e iniciar un rumbo distinto
sin pensar en vencedores ni derrotados
 
¡CUÁNTO CUESTA, SEÑOR!
Ser generoso ofreciendo semillas de reconciliación
Decir “lo siento” o “te perdono”
Recordar que, para entrar en el cielo,
la llave que mueve su puerta
es precisamente esa: perdonar siempre
Dime, Señor, cómo hacerlo.

¡TENGO TANTO MIEDO, SEÑOR!
De invertir tiempo, ideas y sudor,
esfuerzo e ilusión, y como respuesta
encontrar sólo el vacío o la incomprensión.
¿Por qué me has dado tanto, Jesús?
Con menos talentos divinos,
se vive la vida más fácilmente y mejor
Con más comodidad y sin tantos riesgos
¡TENGO TANTO MIEDO, SEÑOR!
De no estar a la altura que Tú me marcas
de no dar la talla en el campo de batalla:
en la familia, o en el trabajo
en la enfermedad o en la salud
en la palabra o en la obra
¡TENGO TANTO MIEDO, SEÑOR!
De gastar por el camino lo que Tú me has dado
aquello que pienso que es mío y no tuyo
De quemarme por brindarme y ofrecerme
o cansarme de sembrar sin recoger nada a cambio
¡TENGO TANTO MIEDO, SEÑOR!
De que regreses y, tu fortuna, la encuentres mal empleada
por mi falta de valentía o audacia
por mi cobardía o desinterés
por mi timidez o mi falta de seguridad
¡CUÁNTO MIEDO TENGO, SEÑOR!
De no invertir mi vida como, Tú en la cruz, lo hiciste:
con silencio, grandeza y dolor
con perdón, humildad y sacrificio
con fe, esperanza o misericordia
¡CUÁNTO MIEDO TENGO, SEÑOR!
De mirarme a mí mismo,
y viendo lo mucho que me has dado
creer que no merece la pena arriesgarlo todo:
por Dios y por el hombre
por la Iglesia y por el mundo
por mis hermanos y por mí mismo
¡CUÁNTO MIEDO TENGO, SEÑOR!
Que vengas…y me pilles con el pie cambiado
lejos de tus caminos y, con mis talentos,
sin haberlos utilizado a fondo.

TE CONFIESO, QUE NO LO SÉ, SEÑOR
Digo amarte
cuando, media hora en tu presencia,
me parece excesivo o demasiado
Presumo de conocerte
y, ¡cuántas veces!
el Espíritu me pilla fuera de juego
Te sigo y escucho
y miro, una y otra vez,
hacia senderos distantes de Ti.
 
Te confieso, Señor,
que no sé demasiado de Ti.
Que tu nombre me resulta complicado
pronunciarlo y defenderlo
en ciertos ambientes.
Que, tu señorío,
lo pongo con frecuencia
debajo de otros señores
ante los cuales doblo mi rodilla
 
Te confieso, Señor,
que mi voz no es para tus cosas
lo suficientemente recia ni fuerte
como lo es para las del mundo.
Te confieso, Señor,
que mis pies caminan más deprisa
por otros derroteros que el placer
las prisas, los encantos o el dinero me marcan.
 
Te confieso, Señor,
que, a pesar de todo,
sigo pensando, creyendo y confesando
que eres el Hijo de Dios.
Haz, Señor, que allá por donde yo camine
lleve conmigo la pancarta de “soy tu amigo”
Haz, Señor, que allá donde yo hable
se escuche una gran melodía: “Jesús es el Señor”
Haz, Señor, que allá donde yo trabaje
con mis manos o con mi mente
construya un lugar más habitable
en el que Tú puedas formar parte.
Amén

TENGO MIEDO, SEÑOR
A que tu barca, la barca de tu Iglesia,
me lleva a horizontes desconocidos
A que, tu Palabra, veraz y nítida
deje al descubierto el “pedro”
que habita en mis entrañas.
 
TENGO MIEDO, SEÑOR
De caminar sobre las aguas de la fe
De nadar contracorriente
De mirarte y estremecerme
De hundirme en mis miserias
y en mis tribulaciones
en mi falta de confianza
y… de mis exigencias contigo.
 
TENGO MIEDO, SEÑOR
De que me vean avanzando
en medio de las olas del mundo
con las velas desplegadas de la fe
Que me divisen, de cerca o de lejos,
navegando en dirección hacia Ti
 
TENGO MIEDO, SEÑOR
De que, en las dificultades,
no respondas como yo quisiera
Que, en las tormentas,
no me rescates a tiempo
Que, en la lluvia torrencial,
no acudas en mi socorro.
Por eso, porque tengo miedo, Señor,
mírame de frente, de costado y de lado
para que, en mis temores,
Tú seas el Señor
El Señor que venga en mi rescate.
Amén

¿DÓNDE ESTÁS, SEÑOR?
Que me dicen que, hace un tiempo,
te sembraron en mi corazón…y no te encuentro
Que pregonan que, en el cielo te hayas,
y cuando levanto la vista no te alcanzo
Me repiten que, en los destrozos del mundo,
es donde especialmente sales a su lado
y… no llego a percibir tu presencia.
¡Dónde estás, Señor!
¿Qué tengo que vender para poder comprarte?
¿Qué tengo que dejar para poder conseguirte?
¿Qué parte de mi hacienda he de regalar
para que, Tú, seas la definitiva riqueza y valor a mi vida?
¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!
Mis ojos no te ven porque andan distraídos
Porque prefieren verse seducidos
por el gran capital que el mundo oferta
Mis manos disfrutan mucho más
cuando acarician los lingotes del oro del bienestar
de lo que cuenta y vale en la sociedad
del prestigio o del dinero
del buen nombre y buena vida…sin mínimo esfuerzo
¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!
¡Demasiado bien sé dónde se encuentra tu tesoro!
En el silencio,
que tanto hiere porque tanto me dice
En la humildad,
donde la pequeñez tanto me asusta
En la sinceridad,
que me convierte en diana de tantos dardos
Ayúdame, oh Cristo, a no perder el campo de tu tesoro:
La fe que es llave para poder amarte y descubrirte
El amor que es bono seguro que cotiza en el cielo
Mi perfección, para no convertirme en algo vulgar y solitario
¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!
Soy yo, quien hoy más que nunca,
necesito buscarte por mí mismo
y ponerte en el lugar que te corresponde:
¡EN EL CENTRO DE MI TODO!
Amén

¡QUIERO SER UN PILAR, SEÑOR!
Que sostenga un poco más tu Iglesia,
con la fuerza y el calor de tu Palabra
Que me haga sentir, de arriba abajo,
y de abajo arriba, tú presencia y tú poder,
tu presencia y tu voz,
tu energía y tu confianza en mí.
¡QUIERO SER UN PILAR, SEÑOR!
Como Pedro, que diga quién eres Tú:
¡El Mesías!
Como Pedro, que confiese sin temblor:
¡Eres el Hijo de Dios vivo!
Como Pablo, que de los mil caballos
en los que voy montado, Señor, caiga
para que descubra, una y otra vez,
que caminas a mi lado y no me abandonas, Señor.
¡QUIERO SER UN PILAR, SEÑOR!
Útil y siempre abierto y buscando tu voluntad
Firme y agarrado a tu Gracia
Recio y embellecido por la oración
Limpio y resplandeciente por la luz de la fe.
¡QUIERO SER UN PILAR, SEÑOR!
Como Pedro, con los poros de las limitaciones
Como Pablo, con la experiencia de dos mil años
¡QUIERO SER UN PILAR, SEÑOR!
Que sostenga, con mi pobreza,
la gran riqueza del Evangelio
En el que edifiques, en mi debilidad,
el imperio y la grandeza de tu Reino.
¡QUIERO SER UN PILAR, SEÑOR!
Como Pedro, sin miedo a ser destruido
ni derrumbado por el enemigo de la fe
Como Pablo, aventurero y abierto
para elevar, sobre mí mismo, lo que
muchos todavía no conocen: A JESUCRISTO
¡QUIERO SER UN PILAR, SEÑOR!
Y que Tú, cuando quieras y como quieras,
edifiques cuando quieras y como quieras.
Amén.

DÁME TU VALENTÍA, SEÑOR
Así, cuando tenga que decir un “sí”
no lo cambie cobardemente por el “no”
o por el miedo al qué dirán.
¡Sí; Señor!
 
Otórgame ese valor que sólo la fe da:
La que nos hace brindar por un mundo mejor
La que nos hace soñar con un corazón nuevo
La que, huyendo del egoísmo personal,
nos hace descubrir la grandeza de tu amor.
 
Infúndeme esa valentía
que sólo tu Palabra transmite:
La que nos hace combativos en la lucha
La que nos levanta el aparente fracaso
La que es coraza frente al enemigo
La que es arma y escudo frente al adversario
 
Ofréceme esa bravura que me inspira tu presencia:
Para que nunca, en el combate,
me sienta sólo ni desamparado
Para que, ante las burlas,
recuerde que, Tú, también fuiste ridiculizado
Para que, ante las incomprensiones,
no olvide que, Tú, también fuiste rechazado.
¡Sí; Señor! ¡Dame entereza en la lucha!
 
Para que nunca diga ¡basta!
Para que huya del derrotismo que todo lo asola
Para que avance y nunca retroceda
Para que ofrezca al Evangelio
mi voz que anuncie y denuncie
lo que en el mundo tantas veces se olvida:
Tú, tu amor, tu justicia, tu paz,
tu Reino, tu voluntad y tu ternura.
Amén

TU, SEÑOR, ESTÁS AHI
Cuando salimos al encuentro del que sufre
Cuando comemos tu cuerpo,
y sentimos fuerza para entregarnos
Cuando bebemos tu sangre,
y sentimos alegría para contagiarla
 
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando escuchamos tu Palabra,
y el camino se ilumina
Cuando hacemos el bien,
y nuestro corazón se alegra
 
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando aclamamos tu nombre
y lo hacemos sin vergüenza
Cuando vivimos tu presencia
y nuestras vidas cambian
 
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando el amor surge espontáneamente en nuestras manos
Cuando el perdón sale fácilmente de nuestros labios
Cuando renace el bien y la esperanza en el mundo
 
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando vamos regalando sonrisas y detalles
Cuando nos multiplicamos a favor de los demás
Cuando sentimos que los demás son nuestros hermanos
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ

TU, SEÑOR, ESTÁS AHI
Cuando salimos al encuentro del que sufre
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Al abrir la puerta de tu casa y sentarnos a tu mesa
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando comemos tu cuerpo,
y sentimos fuerza para entregarnos
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando bebemos tu sangre,
y sentimos alegría para contagiarla
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando escuchamos tu Palabra,
y el camino se ilumina
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando hacemos el bien,
y nuestro corazón se alegra
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando comulgamos la Eucaristía
y sentimos paz interior
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando aclamamos tu nombre
y lo hacemos sin vergüenza
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando vitoreamos tu presencia
y nuestras vidas cambian
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando el amor surge espontáneamente en nuestras manos
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando el perdón sale fácilmente de nuestros labios
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando renace el bien y la esperanza en el mundo
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando nuestra suerte es la suerte de los demás
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando vamos regalando sonrisas y detalles
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando nos multiplicamos a favor de los demás
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ
Cuando sentimos que los demás son nuestros hermanos
TU, SEÑOR, ESTÁS AHÍ

¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!
¿Por qué desapareces tan inesperadamente
sabiendo que nos dejas huérfanos, Señor?
¿Quién pronunciará las palabras certeras
cuando, a nuestro lado, venza la confusión o la mentira?
¿Quién proporcionará el pan multiplicado
cuando el hombre, además de tu presencia,
nos exija el sustento de cada día?
¿Quién calmará los dolores de los enfermos?
¿Quién resucitará a los que, de improviso,
han muerto y estaban llamados a la vida?
 
¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!
Te vas al cielo y, mirando a nuestro alrededor,
sentimos que nos va a faltar tu mano,
que tus huellas se difuminarán
como el agua del mar elimina las de la arena
 
¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!
Proclamar tu mensaje
cuando , los oídos de los más cercanos,
están dispuestos para todo…menos para Ti
Llevar tu Palabra
cuando, los que saben leer entre líneas,
prefieren voces sin compromiso ni verdad
reclaman señales con sabor a tierra
y no pregones con promesas de eternidad
 
¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!
Vivir, según Tú viviste
Amar, como Tú amaste
Orar, como Tú rezaste
Perdonar, como Tú perdonaste
Sentir a Dios Padre
como Tú, Señor, sólo lo hiciste
 
¡QUÉ TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!
Te vas al cielo, al encuentro con el Padre
sabiendo que, aún con muchas debilidades,
intentaremos sostener tu obra aquí iniciada
¡Vete, Señor! ¡Pero no nos abandones!
Vete, Señor, y ojala pronto vuelvas
a culminar Reino que no acaba aquí en esta tierra.
Amén

QUIERO SER AROMA DE BUEN PASTOR
Desprendiéndome de la distancia que infunde mi persona
para abrazarme desde la cercanía que aporta el Evangelio
Sólo así, Señor, podré decir que soy “buen pastor”.
 
Abriéndome sin temor a los que estando lejos de mí
a tu gracia y a tu poder, a tu presencia y a tu Palabra.
Sólo así, Señor, podre decir que soy “buen pastor”
 
Desprendiéndome de lo que es secundario
de aquello que estorba al empuje de mi cayado
de tantas cosas que, aun siendo importantes,
no son necesarias para compartir mi vida con los demás.
Sólo así, Señor, podré decir que soy “buen pastor”.
 
Entregándome sin esperar recompensa alguna
con pasión y con muerte, con vida y con juventud,
con experiencia o con vejez, con fuerza y con debilidad.
Sólo así, Señor, podré decir que soy “buen pastor”.
 
Perdonando las incomprensiones y las calumnias
los malos entendidos y los rechazos
las contrariedades, insensibilidades o cerrazones.
Sólo así, Señor, podré decir que soy “buen pastor”
 
QUIERO SER AROMA DE BUEN PASTOR
Llevando alegría a la casa de la tristeza que es el mundo
derrochando sonrisas aunque, por dentro, esté llorando.
Cantando desde la fe aunque el auditorio esté vacío.
Sólo así, Señor, podré decir que soy “buen pastor”
 
Acercándome aunque, mi presencia, no sea cómoda.
Predicando aunque, mi mensaje, sea reprendido.
Amando aunque, mi afecto, sea ridiculizado.
Sólo así, Señor, podré decir que soy “buen pastor”.
 
Que mi palabra sea eco de la tuya, mi vida color de la tuya,
mi vivir resonancia de la tuya, mis pasos huella de los tuyos,
mi entrega memorial de la tuya y mi servicio para Ti y por Ti Señor.
Sólo así, Señor, podré decir que soy Buen Pastor.

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Que, si ahora todo es luz,
sin ti y cuando te vayas, volverá a ser oscuridad
Que, si ahora veo tu grandeza,
sin Ti y cuando te vayas, sólo tocaré mi pobreza
 
QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Porque, mis dudas con tu Palabra,
se convierten en seguras respuestas
Porque, mi camino huidizo y pesaroso
se transforma en un sendero de esperanza
en un grito a tu presencia real y resucitada
 
QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Que, contigo y por Ti,
merece la pena aguardar y esperar
Que, contigo y por Ti,
no hay gran cruz sino fuerza para hacerle frente
Que, contigo y por Ti,
la sonrisa vuelve a mi rostro
y el corazón recuperar su vivo palpitar
 
QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Porque, contigo, mi camino es esperanza
Porque, contigo, amanece la ilusión
Porque, contigo, siento al cielo más cerca
Porque, contigo, veo a más hermanos
y siento que tengo menos enemigos
Porque, contigo, desaparece el desencanto
y brota la firme fe de quien sabe que Tú, Señor,
eres principio y final de todo.

¡CON MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR!
 
Abriré las puertas, cuando me llamen a tiempos y a deshoras
y, aun con incertidumbres o dudas,
proclamaré que estás vivo y operante
Que, en mis miedos y temores,
me das la valentía de un león
para hacer frente a mis adversarios.
 
¡CON MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR!
Ven, Señor, y como a Tomás muéstrame tu costado
no para que crea más o menos
sino para sentir un poco el calor de tu regazo.
Ven, Señor, y como a Tomás, enséñame tus pies
no porque desee verlos taladrados
sino porque, al contemplarlos,
conoceré el precio que se paga
a los que desean andar por tus caminos
Ven, Señor, y como a Tomás, dame tus manos
no para advertir los agujeros que los clavos dejaron
sino para, juntando las mías sobre las tuyas,
comprender que he de ayudar al que está abatido
animar al que se encuentra desconsolado
o servir con generosidad,
a todo hombre que ande necesitado
 
¡CON MI IGLESIA, CREO EN TI, SEÑOR!
Porque, sé que, los Apóstoles
débiles y santos, con virtudes y defectos,
nos han dejado esta Iglesia que es Madre y sierva
Santa y pecadora, grande y pequeña,
Rica y pobre, pero esplendorosa
por la alegría de tu Pascua Resucitadora
 
¡ALELUYA, CREO CON TU IGLESIA, EN TI SEÑOR!

¿SOY CIEGO, SEÑOR?
Digo creer en Ti, y vivo como si no existieras
Pretendo caminar por tus sendas y no palpo tu presencia
Presumo de conocerte y apenas escucho tu Palabra
Digo que ¡nadie hay como Tú!
y tiemblo cuando las dificultades asoman
 
¿SERÉ ACASO CIEGO, SEÑOR?
Abro los ojos ante el mundo
y me cuesta decir que Tú lo mueves
Confieso que Tú eres la luz del mundo
y me escondo en oscuridades peligrosas
Rezo mirando al cielo
y a la vez me fío demasiado
de las decisiones del mundo
 
¿TENDRÉ CEGUERA ESPIRITUAL, SEÑOR?
Soy humano y, muchos días,
me considero exclusivamente divino
Soy pecador y, queriendo o sin querer,
me las doy de justo y honrado
Afirmo conocer todos los secretos
y, a mis ojos, se escapa lo esencial
Conozco la ciencia y la matemática
y no sé cómo encontrarte en mi vida
 
¿SERÉ CIEGO, SEÑOR?
Porque leo tu Palabra
y, pienso que es para los demás
Escucho tu Palabra
y creo que no va conmigo
Camino, subo y bajo, corro y avanzo
y me tropiezo a cada instante
dándome de bruces
contra mis propias ideas y pensamientos
 
¡CAMBIÁME, SEÑOR!
Mi naturaleza humana, para reconocerte
La forma de mirar para no perderte de vista
El ritmo en mi caminar para ir a tu lado
El ruido de mi existencia para escuchar tus pisadas
Los nubarrones de mis pensamientos
para que Tú seas la luz de todo mi ser
¿ESTARÉ CIEGO, SEÑOR?

...Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
 
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición a los
demás por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo
y a no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo,
ni en la desesperación si fracaso.
 
Más bien recuérdame que el fracaso
es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza
y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas
para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme
y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.
 
¡Señor, si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!
Mahatma Gandhi

AYÚDAME, SEÑOR
 
A ocuparme, razonablemente
en aquello que sea para tu gloria
para el beneficio de los míos y de mí mismo
A disfrutar el presente, sin estar tan pendiente
de lo que pueda ocurrir mañana.
A, mirar hacia el futuro,
aportando las semillas que siembro hoy en el camino.
 
AYÚDAME, SEÑOR
A sentir tú mirada en aquello que veo
A palpar tus manos en mis pequeñas obras de cada día
A escuchar tu Palabra en las mías,
pobres, torpes y atropelladas
 
AYÚDAME, SEÑOR
A vivir comprometido pero sin ansiedad
A caminar ligero, pero sin prisas
A trabajar con empeño, pero sin nervios
A soñar con un futuro mejor
sin olvidar que puedo superar el presente
 
AYÚDAME, SEÑOR
A confiar en tu mano providente
A no tener miedo al mañana que me aguarda
Contigo, Señor, me basta.
Amén

LLÁMAME BIENAVENTURADO, SEÑOR
Si soy capaz, con el lápiz de mi vida,
de dibujar tu rostro allá donde yo me encuentre.
Si, por la caridad, traduzco en práctica
lo que en lenguaje y palabra puede sólo quedarse.
Si soy capaz de iluminar tantas situaciones de mi mundo
con tus promesas, indicaciones y actitudes.
 
LLÁMAME BIENAVENTURADO, SEÑOR
Si, la felicidad, la encuentro en la paz y no el odio
Si, en la pobreza, alcanzo el exponente de mi riqueza
Si, en la sencillez, encuentro el secreto de mi vivir
Si, en la mansedumbre, veo mi fortaleza
 
LLÁMAME BIENAVENTURAD, SEÑOR
Cuando me veas llorar agarrado al madero de la cruz el otro
y no reírme de la mala suerte que le acompaña
Cuando me revele ante la injusticia, el hambre
o la incertidumbre del que busca dignidad
Cuando mi corazón no sea discordia sino concordia
y, ante todo, un surtidor de misericordia
 
LLÁMAME BIENAVENTURADO, SEÑOR
O, lo que es lo mismo, feliz por ser diferente:
Limpio de corazón, antes que roto en las entrañas
buscando la paz, y huyendo de contiendas y peleas
Incomprendido por defender a la verdad
antes que ensalzado por encubrir la mentira
Valiente ante calumnias e injurias
y haciendo frente a las falsedades que aturden
 
LLÁMAME BIENAVENTURADO, SEÑOR
Cuando me veas alegre por tu causa
y, contento, por darte lo mejor de mis años.
Cuando me veas decidido por tu reino
y sembrando ilusiones en mi camino
Cuando cierre los ojos a este mundo
y, al contemplarte cara a cara,
pueda decir que “ser bienaventurado”
es no caer en la falsa telaraña
de las felicidades, huecas y baratas,
que el mundo o la sociedad nos da por ciertas.
Amén.

QUIERO SER DE LOS TUYOS, SEÑOR
Para ver dónde y cómo vives
Para enseñarnos el camino de la verdad
Para que seamos profundamente felices
 
QUIERO SER DE LOS TUYOS, SEÑOR
Y que me enseñes a pescar la alegría
Y que me empujes a pescar personas para Ti
Y que me dejes a mirarte a los ojos
 
QUIERO SER DE LOS TUYOS, SEÑOR
Y escuchar tu Palabra para saber qué quieres de mí
Y participar de tu Eucaristía para ser fuerte
Y rezar junto a Ti para no sentirme sólo
 
QUIERO SER DE LOS TUYOS, SEÑOR
Y que me cambies  en aquello que no soy  bueno
Y que me cambies mi corazón duro
Y que me cambies si estoy equivocado
¡GRACIAS, SEÑOR!

CONTIGO, SEÑOR, MIS PRIMEROS PASOS
Para apoyarte en aquello que, para el mundo y para nosotros,
Tú tienes pensado
Y trabajar, sin desmayo ni tregua,
para que muchos o algunos encuentren su felicidad en Ti.
 
CONTIGO, SEÑOR, MIS PRIMEROS PASOS
Porque, cuando me dices “sígueme”
siento que, todavía, no te conozco lo suficientemente
Que, soy cristiano sin saber lo que significa
y que me da miedo seguirte por lo que ello implica
 
CONTIGO, SEÑOR, MIS PRIMEROS PASOS
Porque, cada día, nos das una oportunidad para seguirte
Una hora en la que decir “sí” o un “no”
Porque, siendo jóvenes, mayores o ancianos
Tú pasas por la orilla de nuestra vida
pidiendo algo tan grande como personas
que crean, esperen y te amén a Ti, Señor.
 
¿DARÉ MIS PRIMEROS PASOS, SEÑOR?
¿Dejaré algo por Ti?
¿Haré algo por tu Reino?
¿Sacaré mis excusas para quedarme sentado en lo mío?
 
¿CÓMO DAR MIS PRIMEROS PASOS, SEÑOR?
¡Ah! ¡Ya lo sé, Señor!
Dejando que Tú, conviertas todo lo que en mí, Señor
está un tanto desorientado y pervertido.
¡Gracias, Señor!

TÚ QUE ERES CORDERO
Que hablas con bondad pero con contundencia
¡MUESTRANOS EL CAMINO HACIA EL PADRE!
Tú que eres Cordero de Dios
y buscas verdes valles y fértiles
¡LLÉVANOS AL ALIMENTO DE LA VIDA ETERNA!
Tú que eres Cordero de mira con ojos humildes
¡HAZNOS ENTENDER QUE LA HUMILDAD
ES CAMINO PARA MIRAR A DIOS!
Tú que eres Cordero que sigue al Padre
¡HAZNOS CAMINAR DETRÁS DE TI, BUEN PASTOR!
Tú que eres Cordero que, al abrazarlo, quita todo pecado
¡APARTANOS DE TODO AQUELLO
QUE ESTORBA NUESTRA DIGNIDAD!
Tú que eres Cordero de Dios que se sacrifica para siempre
¡HAZNOS SER AGRADECIDOS
POR TANTO QUE TÚ NOS DAS!
¡Tú que eres Cordero de Dios que disfruta caminando en un solo rebaño!
¡INVITANOS A ORAR PARA QUE LA IGLESIA SEA UNA!
¡Tú que eres Cordero que, al comerlo, alimenta y contenta!
¡QUE COMPRENDAMOS EL MISTERIO
DE CADA EUCARISTIA!
¡Tú que eres Cordero humilde, pacífico y profético!
¡QUE NO OLVIDEMOS QUE LA PAZ
Y NUESTRA VOZ HAN DE SER VIDA
Y ALTAVOZ DE
NUESTRA VIDA CRISTIANA!
 
Amén